ANÁLISIS

El marketing de los presidentes

Una imagen presidencial se puede construir, pero si luego no se la maneja con criterio y responsabilidad, se la puede destruir.

Por: Pedro Cabrera, Consultor Senior de Marketing y Comunicación

Al observar el panorama latinoamericano, presiento que los consultores de marketing político ayudan a que los candidatos ocupen la silla presidencial… y después salen corriendo a buscar nuevos clientes.
Lo menciono porque a partir de que los presidentes comienzan a ejercer el mandato que le encargó el pueblo votante, comienzan a cometer una serie de barrabasadas propias de aquel mortal que pasó de la cordura a la demencia en cuestión de segundos, o bien, fueron abandonados por aquellos que deberían cuidar y potenciar su imagen frente a todos los públicos.

Estos hechos equivocados (a veces acciones y otras tantas alocuciones), generan daños a la imagen presidencial que dudo puedan ser reparados, aunque generalmente se cita que la memoria de los latinos es más frágil que el suspiro de una mariposa. Al respecto, tenemos casos locales que bien fueron compilados en una serie de libros llamados EVADAS, del autor Alfredo Rodríguez.

Por otra parte basta revisar archivos en YouTube de Hugo Chávez, Nicolás Maduro y el orate senil Andrés Manuel López Obrador. Y recientemente, para comprobar que “el pez muere por la boca”, las declaraciones desacertadas –aunque otro debería ser el término- del presidente argentino Alberto Fernández, acerca de la selva, los barcos y otras sandeces. Y me pregunto: ¿Esta gente se volvió loca por las emanaciones tóxicas del poder, o bien, poseen una desconexión entre sus lenguas y cerebros?

Deseo creer que no tienen ayuda… y si la tienen no escuchan (otra de las secuelas del poder mal entendido). Hoy, en un mundo hiperconectado, el cuidado de la imagen personal –más allá que sea o no presidencial- es materia obligada de estudio y cuidado, porque en cuestión de zeptosegundos una persona pasa de los aplausos a los tomatazos públicos.

El Personal Branding es la gestión de la marca individual de artistas, empresarios y autoridades o cualquier persona que no desee caer en las redes del anonimato dentro de su actividad o rubro. Se crea y emplea para destacarse de los demás y también para planificar cómo deseamos ser recordados por los públicos que nos interesan. Dicho de otra forma, se trata de moldear una imagen para una audiencia determinada.

Usted se preguntará si esto es posible. Por supuesto que sí. Uno de los precursores en “tomar a una persona y tratarla como a un producto” fue el reconocido publicitario francés Jacques Séguéla quien manejó la campaña política del candidato socialista Francois Mitterrand, alguien con menos carisma que una ostra.

Pero utilizando las mismas técnicas de marketing que a diario empleaba en su agencia de publicidad –así aclaró el mencionado- logró construir una imagen personal de Mitterrand muy adecuada al momento que se vivía en Francia, y de esta forma convertirlo en Presidente en el año 1981.

En fin, una imagen presidencial se puede construir, pero si luego no se la maneja con criterio y responsabilidad, se la puede destruir. En consecuencia, llegué a una conclusión: “Algunos presidentes son como las grabaciones de la serie Misión Imposible porque hablan un rato y luego

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