OPINIÓN

El Síndrome del Losétodo

Es más fácil -y prudente- encargar a especialistas externos la tarea de desinfectar la empresa, porque muchos directivos o dueños de tienen mezclados los sentimientos encontrados al momento de tomar decisiones drásticas.

POR PEDRO CABRERA, Consultor Senior de Marketing y Comunicación
consultaleapedro@gmail.com

Científicamente se llama Síndrome de Hubris y de vez en cuando brota en personajes (empresarios, autoridades, celebridades y especialistas, entre tantos), con los cuales trabajamos codo a codo, o bien, estamos a la merced de sus autoritarias e irracionales decisiones “sin comerla ni beberla”.
Entre los síntomas que más destacan en este desequilibrio -también sociológico- aparece un enfoque personal exagerado al comentar asuntos corrientes o del día a día, confianza exagerada en sí mismo, imprudencia e impulsividad, sentimiento de superioridad sobre los demás, desmedida preocupación por la imagen, lujos y excentricidades, la idea fija de que el rival o competidor debe ser vencido a cualquier precio, evidente desprecio por los consejos de quienes les rodean, y finalmente, producto de todo este desbarajuste, ocurre un alejamiento progresivo de la realidad y “el ventilador” lanzando culpas hacia todos lados. Desde ya, pobres individuos.
Comento acerca de este nocivo síndrome porque en mi actividad de coaching ejecutivo y counselling, estoy encontrando muchos más de estos casos que en épocas pasadas. Tratando de encontrar el origen de este crecimiento de casos llegué a algunas conclusiones. Entre ellas: Producto de encontrar soluciones inmediatas e “in company” a problemas empresarios de fondo (por ejemplo, elevar ventas, cambiar el modelo de negocio, abrir nuevos territorios, etc.), se está promoviendo muy rápido a personas que si bien tienen los conocimientos y habilidades para solucionar estos dilemas, carecen de la experiencia necesaria para manejar sabiamente el poder. Usarlo con criterio. Aprender a administrarlo. Ejercerlo desde un perfil coherente, ideal para no dañar su imagen, y más que todo, no encontrar barreras a la hora de motivar a un equipo de trabajo y buscar resultados inmediatos.
Lamentablemente, pareciera que existe una ignorada y/o descuidada labor de algunos Departamentos de RR.HH., en tratar descubrir o intuir cómo harán uso del poder las personas que son promovidas a cargos claves de la organización. Y no se trata de equivocarse o no con la persona elegida, sino el tremendo trabajo que toma remendar el daño que estos individuos provocan en las áreas que operan bajo sus influencias. Producto de estos pseudo tiranos (que ejercen gerencias y jefaturas), existe talento que renuncia a la empresa, aumenta el stress -mobbing- y aparece un deterioro progresivo del clima laboral. Y en numerosos casos, todo esto ocurre bajo la complicidad de directivos que buscan resultados a toda costa, desconociendo (o haciendo la vista gorda) a estos “Hubrinianos” que para colmo de males desarrollan la encantadora simpatía de un psicópata.
¿Qué hacer si en su empresa está ocurriendo algo parecido? Pedir ayuda de manera urgente. Anular rápidamente la acción del Almirante que está echando a pique el barco del cual muchos marineros prefieren saltar al agua infectada de tiburones. En base a mi experiencia, este tipo de problema no se soluciona de manera interna sino con ayuda externa. Es más fácil -y prudente- encargar a especialistas externos la tarea de desinfectar la empresa, porque lamentablemente, muchos directivos o dueños de empresas (de todo tamaño, por las dudas), tienen mezclados sentimientos encontrados con este tipo de personajes tóxicos y no desean tomar decisiones drásticas que pongan en juego su inteligencia emocional.
¿Lo curioso del caso? Quienes poseen el Síndrome de Hubris -o capaz una versión criolla o tropicalizada del mismo- son brillantes profesionales. Pero se aplazan en relaciones humanas y manejo inteligente de equipos laborales, justamente dos habilidades que conforman la gasolina premium del sano éxito comercial y corporativo. Consejo final: Actúe a tiempo antes que por insistir enfermizamente en una batalla… su empresa pierda la guerra.

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