Bolivia está frente al agotamiento estructural del modelo económico, primero por la falta de dólares y segundo por el déficit público, dado que tiene muchos gastos y pocos ingresos, dicen los analistas.
En Bolivia hay una creciente preocupación por la fragilidad económica, un cambio radical para un lugar que, durante más de una década, experimentó la bonanza gracias a un fuerte crecimiento sostenido, exportaciones de gas, una inflación envidiada por sus vecinos, un tipo de cambio fijo y gasolina subvencionada.
Y aunque el ministro de Economía y Finanzas de Bolivia, Marcelo Montenegro, afirma que la economía del país se mantiene estable y muestra una tendencia creciente en medio de un escenario internacional de recesión y de altas tasas de inflación.
Frente al incremento del costo de vida en el resto de países de América Latina, que sigue aumentando aunque de manera más paulatina, el ministro dijo que “Bolivia registra una de las tasas de inflación más bajas del mundo, considerando la inflación acumulada a junio de 2023, estaríamos en el cuarto lugar de tasa de inflación más baja del mundo”.
Sin embargo, los analistas económicos discrepan con la posición del gobierno, e indican que Bolivia va en camino a una crisis financiera.
“Estamos frente al colapso de este modelo económico y el gobierno todavía insiste que, por ejemplo, tenemos la inflación más baja de América Latina, sin embargo, no nos dice con los subsidios más elevados del planeta, porque en hidrocarburos se gasta 1.700 y en alimentos unos 400 millones de dólares, hay un total de 2.100 millones de dólares de subsidios, de modo que tenemos una inflación reprimida, no es una inflación baja”, aseguró Gonzalo Chávez, analista económico.
Apuntó que el gobierno habla de la tasa de desempleo más baja de América Latina, pero no nos dice que es debido a la economía informal más grande del planeta. “Es decir, el empleo que hay en Bolivia, el 80% se origina en el sector informal, y esos no son empleos, son ocupaciones precarias de muy baja productividad y calidad, sin ley laboral, sin seguro a largo plazo, ni seguro de salud”.
Asimismo, el gobierno asegura que el crecimiento en los últimos años es elevado, pero cada vez es menor, porque el origen de este crecimiento estaba fuertemente vinculado a la inversión pública. La inversión pública en el año 2014 era 5.000 millones de dólares, hoy bajó a la mitad.
Sugirió que debe ejecutarse una reforma estructural del modelo económico, “pero en el cortísimo plazo, el gobierno tiene que parar la sangría de las reservas internacionales”.
Para Chávez, lo que estamos viviendo como país, es una crisis de agotamiento del modelo del gobierno, “del modelo primario, exportador, rentista, comerciante y centralista y estamos viviendo una crisis donde el elemento principal tiene que ver con la capacidad de generar el excedente económico, que permite el funcionamiento del modelo, y sobre todo -aunque no exclusivamente- de la inversión pública”, resaltó.
Explicó que el modelo económico que aplica el gobierno fue pensado para que el sector de hidrocarburos, minero y eléctrico, generen los excedentes para que el Estado practique su política social, es decir, entregar los diferentes bonos, y después colocar ese dinero en los distintos sectores a través de subsidios o de inversión.
En esa línea, para el analista económico y financiero, Jaime Dunn, el problema es que el gobierno gasta mucho, y un país, para crecer necesita cuatro variables que son: consumo, inversión, gasto y exportaciones. No obstante, el país está creciendo con un alto consumo y grandes gastos. “Esto es lo que nos ha llevado a registrar déficit fiscal, a la caída de las reservas internacionales y de los ingresos fiscales”, dijo.
Para resolver el problema del déficit fiscal, el país ha incrementado su deuda, tanto externa como interna; y al subir la deuda interna, se ha generado la caída de las reservas internacionales, toda vez que el Banco Central de Bolivia para prestarle dinero al gobierno tiene que usar bolivianos, de modo que, vende dólares para tener bolivianos.
“Definitivamente en Bolivia, aunque no está declarado como tal, hay una crisis fiscal, que se ha transformado rápidamente en una crisis cambiaria, poniendo presión al tipo de cambio fijo, cayendo la disponibilidad de divisas, y poniendo freno a las importaciones y exportaciones”, dijo el analista.
Por ello, indicó que si la crisis cambiaria se acentúa, puede crear presiones inflacionarias. Y con ello pasamos a una crisis financiera. “Lamentablemente Bolivia está moviéndose lentamente a este camino”, remarcó Dunn.



