Después del periodo de bonanzas, Bolivia ha registrado una tendencia a la baja en los principales indicadores macroeconómicos, dando como resultado situaciones adversas que ponen en riesgo la continuidad del crecimiento económico del país.
La reactivación de la economía boliviana es lenta a pesar de la expansión fiscal, del subsidio a los combustibles, los límites de cartera y tasas de interés que benefician a determinados sectores productivos.

El presidente del Colegio de Economistas de Bolivia, Jorge Akamine evaluó el desempeño de la economía en el país e indicó que Bolivia registró un modesto crecimiento de 3,52 % en 2022, sin embargo, las perspectivas de crecimiento para 2023 y 2024, disminuyeron considerablemente. Los organismos internacionales señalan crecimientos menores al 2 %, debido a que, en la presente gestión, el país ha mostrado estadísticas macroeconómicas negativas que han debilitado la economía.
Contrario a ello, dijo que el gobierno central sostiene que el país finalizará la gestión 2023 con un crecimiento de 4,86 %. En el PGE 2024, el gobierno central apunta a una perspectiva de crecimiento de 3,71 %.

El desempeño de la economía está caracterizado por debilidad y estancamiento. En los últimos tres años, el PIB real creció un escaso 0,2 %. También se debe enfatizar la asimetría en el desempeño de los sectores económicos. De trece categorías principales del PIB, ocho de ellas no llegaron a recuperar el nivel que tenían en 2019 antes de la pandemia, considerando datos del primer trimestre de 2023.
El sistema de intermediación financiera continúa siendo sólido. Sin embargo, aunque el índice de mora es bajo, éste ha mostrado una tendencia creciente en los últimos dos años, pasando de 1,50 % en 2021 a 3,00 % a octubre de 2023, explicó.
Las perspectivas de bajo crecimiento y falta de divisas pueden llevar a un mayor deterioro en este indicador, ejerciendo más estrés sobre el sistema financiero.
Adicionalmente, la intervención del Banco Fassil generó inquietud e incertidumbre en la gente, causó el despido de más de 4 mil trabajadores, falta de confianza en el sistema financiero y la falta de liquidez para muchas empresas y ahorristas durante meses.
Esto provocó interrogantes sobre la capacidad de la ASFI para ejercitar sus funciones de supervisión y fiscalización de las entidades de intermediación financiera.
En este contexto, es indudable que la escasez de divisas ha exacerbado las expectativas y la incertidumbre sobre la dirección y la marcha de la economía. También hay temor de que la inestabilidad cambiaria derive en una crisis económica más profunda con caída de la producción y aumento en la inflación.
No obstante, y en contraste con la delicada situación imperante, el gobierno no ha dado señales de que quiera enmendar la política económica. Por el contrario, insiste en el gasto público como el motor del crecimiento y un programa de sustitución de importaciones que en otros países ha fracasado y que tampoco en Bolivia ha mostrado resultados prometedores, señaló Akamine.
Al cierre de esta edición, los datos que se tienen son a septiembre, en ese sentido, Akamine dijo que Bolivia ha exportado más de 8 mil millones de dólares, pero este monto significa 2.492,5 millones de dólares menos que los que alcanzó entre enero y septiembre de 2022.

La preocupación se centra en los bloqueos iniciales de 2023, particularmente en la zona de Desaguadero, debido a problemas en un país vecino. Estos bloqueos, que han durado casi tres meses, han dejado cientos de camiones bolivianos varados, afectando tanto las exportaciones como las importaciones. Con más de 146 días de bloqueos desde enero hasta los últimos meses de la gestión 2023, este problema se ha convertido en un obstáculo crítico para la economía boliviana.
Las exportaciones no tradicionales han sido las más afectadas, con una caída significativa tanto en volumen como en valor. Los derivados de la carne y las confecciones textiles han experimentado un crecimiento, pero otros productos, como la soya, el alcohol etílico y la quinua, han registrado caídas considerables.
El pasado mes de noviembre de 2023, la agencia Standard & Poor’s (S&P) Global Ratings rebajó sus calificaciones crediticias soberanas de largo plazo de Bolivia, de ‘B-’ a ‘CCC+’ con una “perspectiva negativa” debido a “mayores vulnerabilidades externas”.
La agencia también bajó la calificación de corto plazo de ‘B’ a ‘C’ y revisó su evaluación de transferencias y convertibilidad de ‘B-’ a ‘CCC+’, según un comunicado de prensa difundido en su página web.
Su análisis se basa en la disminución de las exportaciones, la caída de las Reservas Internacionales Netas (RIN), altos déficits fiscales y la escasa transparencia sobre los activos del Banco Central de Bolivia (BCB), que señalan, están aumentando los riesgos para el servicio de la deuda del país.
Por otro lado, la inversión pública desde hace años ha desplazado a la inversión privada, que plantea el actual modelo del país. Si bien la inversión pública se incrementó notablemente durante el periodo de bonanza, en los últimos años cayó notablemente. Entre 2016 y 2022, la inversión, efectivamente ejecutada, se redujo a casi la mitad, remarcó el representante del Colegio de Economistas.
El menor nivel de ejecución de la inversión pública reduce el dinamismo en algunos sectores de la economía nacional, especialmente si ésta es complementaria a la actividad privada, sin embargo, la menor ejecución puede tener un efecto positivo al dar mayor espacio a la inversión privada y reducir el gasto público total. Si bien lo ideal es que se recorte el gasto fiscal en su componente corriente, el gasto de capital demostró ser ineficiente en nuestro país, siendo las contrataciones por licitación pública la excepción antes que la norma, generando condiciones ideales para una mayor discrecionalidad y corrupción.
Después del periodo de bonanzas, Bolivia ha registrado una tendencia a la baja en los principales indicadores macroeconómicos, dando como resultado situaciones adversas que ponen en riesgo la continuidad del crecimiento económico del país:
- La pérdida y la considerable disminución del nivel de divisas ha generado un clima de desconfianza sobre la capacidad del gobierno de mantener fijo el tipo de cambio, dando lugar a un mercado paralelo donde la cotización del dólar está por encima de la oficial.
- El elevado déficit fiscal y su financiamiento principalmente con crédito del BCB.
- La debilidad y el riesgo de estancamiento económico.
- Empresas estatales deficitarias.
- Un ambiente de desconfianza en la conducción de la economía y en las condiciones que enmarcan la actividad económica y productiva.
En ese sentido, Akamine dijo que para poder revertir los daños causados a la economía boliviana, es necesario que el gobierno central realice ajustes al actual Modelo Económico, Social, Comunitario y Productivo (MESCP), haciendo partícipe al sector privado y dándoles las condiciones óptimas para apoyar el emprendimiento y fortalecer el empresariado boliviano.
Por su parte, se deben analizar todas las empresas estatales, evaluando la situación financiera de cada una, para concluir si deben continuar, cerrar o ser puestas a la venta.
Se deben emplear correcciones fiscales que deben ser aplicadas, tales como el subsidio a los combustibles y el tamaño del empleo público. Se debe dejar que opere libremente el tipo de cambio paralelo, como parte de la política monetaria, mediante operaciones de mercado abierto basada en señales de mercado, suprimiendo los límites de cartera y tasas de interés para ciertos sectores productivos, y también el ITF, creado originalmente como un impuesto transitorio.
Pero aún esto no basta. Hace falta recomponer las fuentes de riqueza y generación de ingresos, con cambios estructurales que estimulen la inversión y la iniciativa privada -una de las formas de incrementar la recaudación tributaria-, y sobre todo promover las exportaciones, particularmente del agro, la agroindustria y la minería.
Para todo ello es indispensable restablecer la credibilidad del país y de su gobierno y reducir los factores de riesgo político e inseguridad jurídica; en suma, fortalecer la gobernanza política y económica, concluyó.
El fin del mito de la economía blindada
Julio G. Alvarado, analista económico

El mito del éxito del modelo económico, social, comunitario y productivo se desvaneció en el año 2023, cuando sus creadores tuvieron que reconocer su fracaso, en tres etapas. La primera fue en febrero, cuando el Banco Central de Bolivia dejó de publicar las estadísticas semanales sobre las reservas internacionales netas, cuya caída se venía constatando desde el año 2015. La segunda se dio el 29 de agosto, cuando el presidente Luis Arce Catacora reconoció, que Bolivia se quedó sin gas, “ya que las reservas tocaron fondo”. Finalmente, la tercera comienza a finales de octubre con el desabastecimiento de diésel por la escasez de dólares para pagar su importación. En enero de 2014, el entonces ministro de economía y finanzas afirmaba que la economía estaba blindada frente a la crisis de la economía mundial, producto de la aplicación del modelo económico, social, comunitario y productivo.
El blindaje económico fue una declaración demagógica, ya que la caída de los ingresos estatales no fue compensada con una disminución de los gastos, generando un alarmante déficit fiscal desde el año 2015 y acelerando un peligroso proceso de endeudamiento externo e interno, que alcanzó un 80 % del PIB en 2023.
La política gubernamental sigue priorizando la inversión pública a través de empresas estatales ineficientes y signadas por la corrupción; un continuo endeudamiento irresponsable dirigido especialmente a cubrir el gasto público, elevadas subvenciones de combustibles, que crecen cuantitativamente en volumen de forma desmesurada por el contrabando a países vecinos; al mismo tiempo que los ingresos van disminuyendo. Todos estos factores se combinan con una inexistente fiscalización de los recursos estatales, la que fomenta la corrupción a nivel central y en la mayoría de los gobiernos departamentales y municipales.
Estas perspectivas negativas se agravan con el crecimiento del papel del Estado en la economía, que fomenta la informalidad y las fuentes de trabajo precarias a medida que se profundiza la crisis económica.
Año dramático para el sector exportador
Gary Rodriguez Gerente general del IBCE

El desempeño de economía en la gestión que termina tiene que ver con el nivel de actividad económica, precios y empleo. El INE informó que el PIB creció 2.3 % en el primer trimestre y un 2.2 % en el segundo trimestre de la gestión en curso. Bastante distante del 4,86 % que era el pronóstico para la gestión 2023, al extremo que el propio gobierno ha revisado su proyección de cierre y lo ha situado en un 3 %
El segundo indicador, que tiene que ver con la estabilidad macroeconómica, el índice de precios al consumidor que detenta un nivel de 1,48 %, es bajo respecto a lo que ocurre en otros países, pero es producto de la subvención a los combustibles, precios regulados de los alimentos, la alta tasa de ingreso de mercaderías de manera irregular, dólar muy barato todo esto hace que la inflación sea baja.
Finalmente la tasa de desocupación que es menor al 4 %, sabiendo que los empleos son precarios en el sector informal.
El año 2023 verdaderamente ha sido dramático para el sector exportador. Definitivamente vamos a estar muy lejos del récord que habíamos logrado en la gestión 2022. Tenemos un desempeño registrado al mes de septiembre que da cuenta que las exportaciones han caído 23 % en valor y 19 % en volumen comparativamente en relación al año pasado, estamos hablando de una caída en términos absolutos de cerca de 2.500 millones dólares, y en términos de volumen 2.2 millones de toneladas.
Bolivia tiene una situación compleja y alarmante
Jaime Dunn, analista económico

La baja ejecución de la inversión pública aparentemente se está ejecutando a un ritmo del 50 % de lo presupuestado en 2023, se había establecido un poco más de 4.000 millones de dólares se espera que la ejecución sea de $us 1.200. En 2022 se había presupuestado $us 5.000 millones y la ejecución fue de 2.600, se muestra claramente que la economía boliviana se basa en inflar la inversión pública al nivel más alto posible.
En tema de inversión extranjera Bolivia tiene una situación muy compleja y alarmante porque no se tienen datos de la inversión extranjera indirecta. Por ejemplo, al año de 2022 de 143 mil millones de dólares que se invirtieron en América Latina, Bolivia ha tenido negativo 26, es decir han salido más recursos, hubo más desinversión que inversión. Salieron 957 millones de dólares, de los cuales de los cuales, 642 millones son del sector hidrocarburos, y algo de la industria manufacturera. Lamentablemente Bolivia ha perdido recursos de inversión, ha sido uno de los pocos países que no ha recibido inversión extranjera directa neta.
La deuda pública ha tenido un ascenso muy acelerado desde el año 2014, de estar por debajo del 40 % del PIB, ha ido subiendo de manera sostenida hasta pasar el 80 % del PIB y los ingresos al gobierno han caído casi al 30 %.



