El principal desafío logístico de Bolivia trasciende su condición mediterránea y responde a una combinación de factores que afectan de manera simultánea su competitividad. Así lo plantea el analista José Luis Medina Núñez del Prado, quien sostiene que el problema no es únicamente geográfico, sino sistémico. Si bien la falta de acceso al mar implica costos adicionales inevitables, este argumento resulta insuficiente para explicar las limitaciones del comercio exterior boliviano. Países como Paraguay han demostrado que la mediterraneidad puede convertirse en una ventaja si se gestiona adecuadamente. En el caso boliviano, el problema radica en la acumulación de desafíos no resueltos durante años.
Bolivia presenta el costo logístico más alto de Sudamérica, equivalente al 18% del valor del comercio internacional. Sin embargo, el problema no es solo el nivel de costos, sino su imprevisibilidad. Los exportadores bolivianos enfrentan dificultades para garantizar plazos de entrega en mercados exigentes como Europa y Asia, debido a retrasos que pueden surgir en distintos puntos de la cadena logística. Procesos aduaneros que deberían resolverse en horas se extienden por días, eliminando cualquier ventaja competitiva en precios y afectando la confianza de los socios comerciales.
A este escenario se suma la desconexión con las grandes navieras globales, responsables de aproximadamente el 90% del transporte mundial de contenedores. En 2024, varias de estas compañías suspendieron la recepción de pagos desde Bolivia, obligando a operadores a canalizar sus transacciones a través de países vecinos como Chile o Perú. Esto generó sobrecostos de hasta un 35% y evidenció una brecha estructural más profunda: la falta de cumplimiento de estándares internacionales, la ausencia de certificaciones y la débil articulación institucional con el sistema logístico global.
Otro problema relevante es la baja profesionalización y la alta informalidad del transporte terrestre, que moviliza más del 70% de la carga del país. Gran parte del sector opera sin sistemas de trazabilidad GPS, sin protocolos de seguridad estandarizados y con flotas envejecidas. Esta situación limita la posibilidad de acceder a programas internacionales como el Operador Económico Autorizado, que permite agilizar procesos en mercados desarrollados.
Sin una cadena logística confiable, Bolivia enfrenta dificultades para integrarse a esquemas modernos de facilitación comercial.
En este contexto, también se cuestiona el rol de la Administración de Servicios Portuarios de Bolivia (ASP-B).
Según Medina, la institución no cuenta con la capacidad técnica ni la agilidad necesarias para responder a las exigencias del comercio actual. No obstante, su fortalecimiento podría representar una oportunidad estratégica, ya que una entidad profesionalizada permitiría mejorar la planificación, negociar mejores condiciones con operadores internacionales y reducir costos logísticos.
Entre las principales propuestas para revertir esta situación, el analista destaca la necesidad de avanzar hacia una digitalización documental integral. Mientras países como Perú han logrado implementar sistemas aduaneros completamente digitales en un plazo de quince años, reduciendo significativamente los tiempos de importación, Bolivia aún depende en gran medida de procesos en papel. La digitalización permitiría que la información llegue antes que la mercancía, facilitando controles remotos, reduciendo la discrecionalidad y agilizando los trámites. Asimismo, la automatización de procesos como la clasificación arancelaria y la valoración aduanera contribuiría a mejorar la transparencia y eficiencia del sistema.
La correcta clasificación arancelaria es un aspecto que define impuestos, permisos y beneficios comerciales. Errores en este proceso pueden generar pérdidas superiores al 40% del valor de la carga y limitar el aprovechamiento de acuerdos comerciales con bloques como la Comunidad Andina, el Mercosur y la ALADI.
En paralelo, Medina subraya la importancia de desarrollar una intermodalidad eficiente. Bolivia tiene acceso a la hidrovía Paraguay-Paraná, utilizada de forma intensiva por Paraguay para movilizar la mayor parte de su comercio exterior a bajo costo.
Sin embargo, el país aún aprovecha esta alternativa de manera marginal. Fortalecer el uso combinado de transporte carretero, ferroviario y fluvial permitiría mejorar la competitividad.
La digitalización también abre la posibilidad de implementar una Ventanilla Única de Comercio Exterior, integrando trámites de diferentes instituciones, reduciendo costos y generando información estratégica para la toma de decisiones.
A nivel regional, la entrada en operación del Corredor Bioceánico en 2026 representa una oportunidad. Este proyecto conectará Brasil con puertos del Pacífico, generando una nueva dinámica logística. Si Bolivia logra posicionarse como nodo de tránsito, podría generar ingresos significativos y reducir sus costos logísticos. De lo contrario, corre el riesgo de quedar al margen de esta transformación.



