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FMI y Banco Mundial coinciden en que Bolivia ingresará en recesión

Por Fernando Romero, economista

Durante el año 2025, Bolivia experimentó una recesión económica de -1,2% del
PIB, lo que marcó un punto de inflexión en su desempeño macroeconómico
reciente. Este resultado estuvo acompañado de una inflación elevada de 19,5%, un
déficit en cuenta corriente de -1,9% del PIB y una tasa de desempleo de 3,3%. Las
principales causas de este deterioro económico fueron la caída sostenida de la
producción y exportación de gas natural, la disminución de ingresos por
exportaciones, la creciente escasez de divisas (dólares) y un modelo económico
altamente dependiente del gasto público. A esto se sumó el encarecimiento de
importaciones, lo que presionó los precios internos, generando inflación. En
términos simples, Bolivia comenzó a gastar más de lo que generaba, tanto a nivel
fiscal como externo.
Las consecuencias de este desempeño en 2025 fueron claras: una reducción de la
actividad económica, pérdida del poder adquisitivo de los hogares y mayor
vulnerabilidad externa. El déficit en cuenta corriente reflejó que el país importaba
más de lo que exportaba, lo cual profundizó la escasez de dólares. Aunque el
desempleo abierto se mantuvo relativamente bajo, esto no refleja completamente la
realidad del mercado laboral boliviano, caracterizado por alta informalidad. En
términos estructurales, el año 2025 evidenció el agotamiento del modelo económico
basado en hidrocarburos y gasto estatal, dejando al país en una posición frágil.
Para el año 2026, el FMI proyecta un escenario más complejo, con una recesión
más profunda de -3,3%, una inflación que aumentaría a 20,7%, y un entorno
económico marcado por restricciones más severas. Las causas de este
empeoramiento radican en la continuidad de la caída del sector hidrocarburos, la
persistente falta de divisas, el ajuste forzado del gasto y el impacto de factores
externos adversos (guerra medio oriente). Como consecuencia, se prevé una
contracción más fuerte de la economía, menor inversión, caída del consumo y un
deterioro general del bienestar económico. En términos sencillos, Bolivia pasaría
de una crisis inicial en 2025 a una crisis más profunda en 2026, sin haber
corregido sus problemas estructurales.

  1. Breve análisis de las proyecciones macroeconómicas 2026
    La proyección del decrecimiento económico de -3,3% para 2026 refleja una
    contracción significativa de la actividad económica. Este resultado está
    directamente vinculado a la caída en la producción de hidrocarburos, la menor
    inversión pública y privada, y la restricción externa derivada de la escasez de
    dólares. A medida que el país enfrenta dificultades para importar insumos
    (carburantes, otros), maquinaria y bienes intermedios, la producción interna se
    reduce. La consecuencia directa es una recesión económica, que se traduce en
    menos empleo, menor ingreso y menor dinamismo empresarial. En términos
    prácticos, la economía entra en una fase de ajuste forzado.
    En cuanto a la inflación proyectada de 20,7%, esta responde a varios factores: el
    encarecimiento de productos importados (alimentos, combustibles, otros), la
    presión del tipo de cambio en mercados paralelos, mayor emisión monetaria, caída
    de la productividad nacional, y los efectos de choques internacionales,
    especialmente en energía y alimentos. La inflación afecta directamente a la
    población al reducir el poder adquisitivo, encareciendo el costo de vida.
    Paralelamente, el superávit en cuenta corriente de 1,2% del PIB no es un signo
    de fortaleza, sino el resultado de una fuerte caída (reajuste) de importaciones
    debido a la crisis. Es lo que se denomina un “superávit por recesión”, donde la
    economía deja de importar no porque produce más, sino porque no tiene recursos
    para hacerlo. Es un superávit malo, por recesión, no por competitividad.
    Respecto al desempleo proyectado de 4,5%, este aumento es consistente con un
    entorno recesivo. Sin embargo, en Bolivia este indicador debe interpretarse con
    cautela, ya que gran parte de la población se refugia en el sector informal (85% de
    la fuerza laboral). Por ello, más que un aumento visible del desempleo, lo que ocurre
    es un deterioro de la calidad del empleo, con ingresos más bajos y mayor
    precariedad laboral.
    En conjunto, la evolución económica de Bolivia del 2025 al 2026 muestra un claro
    proceso de deterioro: mayor recesión, mayor inflación y una economía cada vez más
    restringida por la falta de divisas.
  2. ¿Por qué coinciden el FMI y el Banco Mundial en la
    proyección recesiva para Bolivia?
    La coincidencia entre el FMI y el Banco Mundial en proyectar a Bolivia como la
    economía con mayor decrecimiento en la región para 2026 se explica por la
    evaluación de fundamentos estructurales similares. Ambos organismos identifican
    que el país enfrenta un agotamiento de su modelo económico, basado
    principalmente en la exportación de gas natural y el gasto público como motor de
    crecimiento. La caída sostenida de la producción de hidrocarburos ha reducido
    significativamente los ingresos externos, afectando la disponibilidad de divisas y la
    estabilidad macroeconómica.
    Otro factor clave es la crisis de divisas, derivada de la disminución de exportaciones
    y la reducción de reservas internacionales. Esta situación limita la capacidad del
    país para sostener importaciones, mantener la estabilidad cambiaria y financiar el
    déficit fiscal. Además, la existencia de un tipo de cambio fijo en un contexto de
    escasez de dólares genera distorsiones, como la aparición de mercados paralelos.
    Ambos organismos también coinciden en señalar el alto déficit fiscal y la falta de
    reformas estructurales como elementos que agravan el panorama económico.
    Finalmente, el contexto internacional también influye en estas proyecciones. El
    encarecimiento de la energía y los alimentos, así como la incertidumbre global,
    afectan a economías vulnerables como la boliviana. La coincidencia entre ambos
    organismos no es casual, sino el resultado de análisis técnicos que convergen en
    un diagnóstico común: Bolivia enfrenta un ajuste económico inevitable, producto
    de desequilibrios acumulados durante varios años.
  3. ¿Cómo evitar o minimizar este escenario negativo para
    Bolivia en el 2026?
    Para evitar que Bolivia continúe en un proceso de recesión con alta inflación, es
    fundamental implementar un conjunto de medidas estructurales. Nosotros
    proponemos estas medidas económicas en base al diagnóstico hecho por el FMI.
    En primer lugar, se requiere un ajuste cambiario ordenado, que permita corregir
    la sobrevaluación del tipo de cambio y reducir la brecha con el mercado paralelo.
    Esto ayudaría a mejorar la competitividad y a incentivar el ingreso de divisas. Sin
    embargo, este ajuste debe ser gradual y acompañado de políticas que mitiguen su
    impacto inflacionario en la población. No es suficiente un tipo de cambio referencial
    sino una reforma cambiaria en base a políticas estructurales y sostenibles.
    En segundo lugar, es imprescindible una disciplina fiscal real, que reduzca el
    déficit mediante la racionalización del gasto público, especialmente en subsidios
    ineficientes, y la priorización de inversión productiva. Un primer paso fue la
    eliminación de la subvención a los carburantes, pero se debe proseguir con un
    ajuste importante del gasto estatal (empresas deficitarias, masa salarial, otros).
    En tercer lugar, se necesita una reforma profunda del sector hidrocarburos,
    orientada a atraer inversión privada “estratégica” y aumentar la producción. Esto
    permitiría recuperar exportaciones, fortalecer la balanza externa e impulsar la
    economía. Esto debe estar acompañado por una modernización de la normativa e
    institucionalidad energética en el país.
    Asimismo, se debe avanzar hacia una mayor flexibilidad en el mercado de
    divisas, facilitando el acceso a dólares y reduciendo las distorsiones actuales. Un
    paso importante fue la eliminación del ITF y el posicionamiento del tipo referencial
    del BCB, sin embargo, también la devolución de ahorros en dólares es clave. A esto,
    se debe sumar incentivos financieros y exportadores, y un escenario atractivo para
    que llegue la inversión extranjera al país, vía seguridad económica y jurídica.
    Finalmente, Bolivia debe impulsar una estrategia de diversificación productiva,
    promoviendo sectores como la agroindustria, la minería y la manufactura con valor
    agregado. Esto permitirá reducir la dependencia del gas y generar nuevas fuentes
    de ingreso. Estas medidas, si bien pueden ser difíciles políticamente, son
    necesarias para estabilizar la economía y sentar las bases de un crecimiento
    sostenible en el mediano plazo.
    Conclusión general
    Bolivia enfrenta un deterioro económico progresivo, pasando de una recesión en
    2025 a una crisis más profunda en 2026, caracterizada por contracción económica,
    alta inflación y restricciones externas. Este marco es resultado de problemas
    estructurales no resueltos, principalmente la caída de los hidrocarburos y la
    escasez de divisas.
    No es coincidencia sino realidad que los principales organismos multilaterales
    pronostiquen que Bolivia entrará en una recesión importante este 2026. Las causas
    y consecuencias son evidentes, y será una titánica tarea del Gobierno evitar este
    escenario, en una coyuntura interna frágil y un contexto externo adverso.
    Mensaje final
    La delicada situación económica actual no es coyuntural, sino estructural. Sin
    reformas profundas y decisiones oportunas, la crisis puede prolongarse y afectar
    cada vez más a la población. Actuar ahora es clave para evitar un escenario
    económico más complejo en el futuro.
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